“Si la vida fracasa, el arte fracasa”

ENTREVISTA CON ANTONIO LOPEZ. Hoyesarte.com 18/01/2010

http://www.hoyesarte.com/category-table/9079-entrevista-a-antonio-lopez.html

Ahí está como si no fuera con él. A una distancia que debería de medirse en miles de años luz de cualquier atisbo de esnobismo o soberbia. Se supone que sabe que es uno de los más grandes, pero su imagen es la de la sencillez casi extrema, la del humanismo en la mejor de sus acepciones. Antonio López García (Tomelloso, 1936) nos recibe en la puerta de su estudio en Madrid en traje de faena, enfundado en un delantal que adornan manchas múltiples de su pintura prodigiosa.

Restos y huellas de lo que, con el tiempo, será otra de sus preciadas, personalísimas, obras: “el cuadro o la escultura te dice cuando está terminada y, al tiempo, tú le dices a la obra que lo que tenías que hacer está concluido. Es un tema de comunicación entre tú y lo que haces”. Lo dice desde un pequeño taburete de madera en el que se sienta mirando a los ojos de quien escucha. Medita lo que va a decir, apoya sus palabras en el movimiento de las manos, vuelve sobre lo dicho para que el mensaje quede claro y en el tono y en la mirada transmite una irrefrenable pasión por “toda esa belleza que llamamos arte”.

Y arranca de pronto su diálogo desde la convicción, definiendo que la pintura y la escultura son mágicos lenguajes asentados en la dignidad, modos de comunicación tan antiguos como la presencia del hombre sobre el planeta. “Formas de expresión a través de los que el ser humano hace visibles sus sentimientos. Creando, inventando ese modo de comunicarse hace algo a lo que llamamos arte. Son lenguajes que misteriosamente muchos de los espectadores a los que van dirigidos entienden. Además, entre quien crea y quien observa se establece un nexo que, cuando se hace bien, esta basado en la verdad. Es muy verdadero. No mientes”.

¿Qué diferencia al artista del espectador?

La verdad es que no lo sé. Es un misterio el porqué unos lo hacemos y otros lo miran. Acaso fuera bueno cambiarnos una temporada y los que hacemos limitarnos a mirar y los que miran se pusieran manos a la obra. Es evidente que todo el mundo puede mirar y todos podemos hacer. Todos podríamos porque todos llevamos un creador dentro, lo que pasa es que unos se inician, o nos iniciamos, y otros no lo hacen nunca. La consideración de la luz y las formas acaso juegue un papel pero la verdad es que no me atrevo a afirmarlo.

¿El pintor pinta lo que es?

No lo haces para que los demás vean cómo eres, si no porque necesitas comunicar, expresar algo, aquello que te bulle dentro. Para hacerlo necesitas primero cargarte con una emoción. La emoción actúa como una especie de pila, una vez cargada tienes la posibilidad de hacer algo con ese sentimiento.

(Antonio López está muy lejos de esa imagen entre bohemia y elitista, frecuente en otros artistas. Responde más a lo que esperamos de una especie de amigo de toda la vida… No hay que exagerar, apunta, para añadir). No me siento el colega de al lado, ni bohemio ni, por supuesto, elitista, un término y un concepto que no me gusta nada. Una palabra que me hecha para atrás. No me gusta la gente que va de eso. Tampoco soy ni me siento bohemio, porque ya están las cosas suficientemente difíciles como para ponerlas más. El español no se siente tan mimado como para permitirse ser bohemio. Eso podía ocurrir en Francia en ciertos momentos, pero no es algo que ahora sea ni conveniente ni necesario.

Supongo que en el fondo uno termina siendo una mezcla de todo eso, aunque uno intenta buscar el equilibrio…

Su obra transmite una paciencia infinita a la hora de crear, ¿lo siente así? Dentro de ese equilibrio, ¿qué papel juega la paciencia?

Es una buena observación. Está en relación con lo que amas. Tienes paciencia en relación con las cosas que amas. Probablemente yo no tengo ninguna paciencia con las cosas que me son indiferentes, pero con lo que hago, con lo que pinto, con lo que esculpo, la tengo y mucha. Como las madres que tienen paciencia con sus hijos, como el amante que tiene paciencia con quien ama.

Creo que a veces y dependiendo de qué, con quién y de las circunstancias soy más bien impaciente, pero con relación a mi trabajo le echo toda la paciencia necesaria. Es un elemento que necesito para hacer mi trabajo. Hablamos de paciencia, pero también podríamos llamarla constancia.

En fin, que se tiene paciencia, buena paciencia, con lo que se ama. Porque también está la mala paciencia, que es la de la gente encabronada que no tiene más remedio que hacer algo que no quiere pero que no puede dejar de hacer. No estamos hablando de ese tipo de paciencia, si no con la que entronca con algo positivo, con algo que tú deseas seguir haciendo. Todos necesitamos la paciencia, una manera de paciencia, para hacer casi cualquier trabajo, ya sea el cocinero, el investigador, el pintor…

(En un tono quedo, reposado pero firme, va dejando en el aire palabras y pensamientos. Deja abiertas las frases, como si esperase que quien tiene enfrente asienta, complemente, digiera… Con esa sencillez crece a su lado y desde la profundidad de sus reflexiones, –una profundidad en absoluto afectada–, una conversación, un discurso, en el que nada o casi nada tiene desperdicio.)

Muchos artistas comienzan siendo figurativos y derivan hacia la abstracción. ¿Ha hecho Antonio López premeditadamente el camino inverso?

En general y por lo que yo conozco se suele comenzar en la figuración. Aunque quizá en este momento puedes iniciarte directamente en la abstracción, pero eso no quiere decir que no acabes en la figuración. La abstracción está en todo y la figuración también. Las emociones tienen un componente inexplicable que puede relacionarse con lo abstracto. En la pintura, y en la mía también, hay una dosis fuerte de abstracción, como la hay en la música y en la literatura. Tiene que haberla. Después, esa abstracción toma formas muy distintas.

Su obra transmite una paciencia infinita a la hora de crear, ¿lo siente así? Dentro de ese equilibrio, ¿qué papel juega la paciencia?

Es una buena observación. Está en relación con lo que amas. Tienes paciencia en relación con las cosas que amas. Probablemente yo no tengo ninguna paciencia con las cosas que me son indiferentes, pero con lo que hago, con lo que pinto, con lo que esculpo, la tengo y mucha. Como las madres que tienen paciencia con sus hijos, como el amante que tiene paciencia con quien ama.

Creo que a veces y dependiendo de qué, con quién y de las circunstancias soy más bien impaciente, pero con relación a mi trabajo le echo toda la paciencia necesaria. Es un elemento que necesito para hacer mi trabajo. Hablamos de paciencia, pero también podríamos llamarla constancia.

En fin, que se tiene paciencia, buena paciencia, con lo que se ama. Porque también está la mala paciencia, que es la de la gente encabronada que no tiene más remedio que hacer algo que no quiere pero que no puede dejar de hacer. No estamos hablando de ese tipo de paciencia, si no con la que entronca con algo positivo, con algo que tú deseas seguir haciendo. Todos necesitamos la paciencia, una manera de paciencia, para hacer casi cualquier trabajo, ya sea el cocinero, el investigador, el pintor…

(En un tono quedo, reposado pero firme, va dejando en el aire palabras y pensamientos. Deja abiertas las frases, como si esperase que quien tiene enfrente asienta, complemente, digiera… Con esa sencillez crece a su lado y desde la profundidad de sus reflexiones, –una profundidad en absoluto afectada–, una conversación, un discurso, en el que nada o casi nada tiene desperdicio.)

Muchos artistas comienzan siendo figurativos y derivan hacia la abstracción. ¿Ha hecho Antonio López premeditadamente el camino inverso?

En general y por lo que yo conozco se suele comenzar en la figuración. Aunque quizá en este momento puedes iniciarte directamente en la abstracción, pero eso no quiere decir que no acabes en la figuración. La abstracción está en todo y la figuración también. Las emociones tienen un componente inexplicable que puede relacionarse con lo abstracto. En la pintura, y en la mía también, hay una dosis fuerte de abstracción, como la hay en la música y en la literatura. Tiene que haberla. Después, esa abstracción toma formas muy distintas.

Habla usted de las emociones y de su emoción. ¿Llora ante el arte?

Soy muy poco llorón. Oyes hablar de gente que se emociona tanto que llega a llorar ante una obra de arte. La verdad es que yo no llego a tanto y eso que la emoción y lo que el arte me conmueve es mucho. Me produce verdadero embeleso y mucha fascinación. Además, noto que es algo que no se gasta con los años. Me sigo emocionando igual que hace cuarenta o cincuenta años, pero no llego a la lágrima. A la lágrima, no.

Habitualmente trabaja en varias obras al tiempo…

Sí, siempre trabajo en varias cosas a la vez. Esculpo, pinto y dibujo y poco a poco van saliendo los tres lenguajes y las obras acaban por completarse.

¿Se ha centrado en los últimos tiempos más en la escultura?

No. Acaso se puede tener esa percepción porque las últimas cosas entregadas han sido esculturas, y grandes, para ser ubicadas en el exterior, y eso hace que tengan una visualización que puede no tener, en primera instancia, la pintura o el dibujo que se producen en un ámbito más privado.

¿Cómo va su esperado retrato de los Reyes?

Yo querría poder mostrarlo en la exposición que tendrá lugar el próximo junio en el Museo Thyssen. Es obvio que para eso necesito acabarlo antes de que la exposición arranque.

Me resulta difícil hacer afirmaciones contundentes pues hace falta que el trabajo y la pintura se vayan desarrollando. Voy trabajando en esa obra y a veces dejo de hacerlo para después retomarla. Ahora he traído el cuadro a casa y estoy buscando un lugar para él, porque el estudio está tan lleno de cosas que necesito vaciarlo y llevar parte de lo que tengo allí a otro sitio para tener el espacio que el cuadro necesita. Un espacio más tranquilo que me permita trabajar lo más concentrado posible. Al cuadro le queda un tiempo todavía, pero me gustaría que para la exposición estuviera terminado y poder presentarlo. Quisiera trabajarlo únicamente atendiendo a la intención y al deseo de que quede lo mejor posible. Para eso hace falta una determinada forma de trabajo. Lo que pasa es que por ser el cuadro que es ha trascendido al exterior y eso aporta una situación peculiar. Hay obras en las que se tarda más, otras menos, otras que se detienen y no sigues… En el estudio pasan muchas cosas que nadie tiene por qué saber. En este caso hablamos de una obra que rebasa los límites de la privacidad que yo pueda tener. Es un encargo, y ya pagado, sobre el que todo el mundo te puede preguntar, pero no deja de ser un cuadro como otros que haya podido hacer y, como he dicho, ahí puede pasar de todo. Tengo obras que empecé y, por distintos motivos, nunca terminé. No es el caso de éste, pero necesito trabajar con mucha libertad. Tengo que hacerlo así. Pero esperemos que para las fechas de la exposición esté listo.

¿Es la obra la que dice que está terminada o es el artista el que decide que lo que había que hacer hecho está?

Hay un poco de todo. Es como una relación. A veces te dicen aquí ya no vuelvas y otras veces lo dices tú. En otras ocasiones las cosas se retoman, hay un descanso y vuelves a empezar o continúas lo que estaba iniciado. La relación con la obra es variable y cambiante, como lo son las relaciones entre las personas.

¿Le duele desprenderse de sus obras?

No. Nada de nada. Al contrario, me produce una gran satisfacción. Este trabajo lo haces para que los demás lo vean y lo disfruten. Así te realizas como artista. No hablamos de un acto solitario que acaba en ti y en tu propia satisfacción. Yo no lo siento así. Todo el arte admirable de todas las épocas se ha hecho para los demás. Desde la concepción personal, pero para los demás. Cuando los demás no lo acogen, como en el caso de Van Gogh, por ejemplo, el artista se desespera.

¿Es usted consciente de que Antonio López es muy popular. Muy conocido en la calle. Le incomoda o le molesta la fama que le acompaña?

No, no me molesta. Aunque habría que matizar esto porque yo, siendo consciente de que hay bastante gente que me conoce, no soy un personaje de fama a nivel popular. Pero no me molesta esa repercusión porque no la he buscado. Cuando yo salgo a la calle a pintar y me voy al espacio común de todos para hacer un trabajo lo hago porque lo elijo. Intento hacer las cosas como a mí me gustan. Tengo la suerte de poder hacerlo.

La infancia parece estar siempre en su vida y en su obra, ¿lo siente así?

Es verdad. Para mí todos aquellos años supusieron un tesoro. Fue algo irrepetible y muy, muy bueno, que para mí ha tenido sus buenas consecuencias hasta ahora, hasta la actualidad. A pesar de las partes oscuras, que las hay en todas las vidas, en todos los hombres, y que también las hubo en mi caso, el balance es extraordinario y ha pesado siempre sobre mí. Eso supongo que de alguna forma se refleja en mi obra. La infancia pesa en la vida del hombre, de los hombres, y condiciona muchas cosas.

¿Qué le parece el mundo en el que vivimos hoy?

Me gusta el mundo. Me gusta la vida aunque a veces las personas me cansan mucho. La gente me cansa, sobre todo las personas que nos dirigen porque hay muchas veces que no lo hacen nada bien. Quienes nos dirigen deberían ser los mejores, que los hay entre los hombres, pero desgraciadamente no es así. No son los mejores y eso hace que este mundo no sea lo bueno, en todos los aspectos, que podría ser.

Considero que sería muy importante que los políticos que nos gobiernan y que gobiernan el mundo fueran mejores.

¿Cómo le gustaría ser recordado?

No puede imaginarse a qué distancia estoy de ese pensamiento. A tanta distancia que aunque ponga voluntad no soy capaz de plantearme cómo quiero ser recordado. Sería un farsante si empezase con ese juego. Saldría una farsa porque ni pienso ni siento el futuro. Vivo, y con toda la intensidad posible, el presente.

Sigue dirigiendo talleres de arte. ¿Hay algún artista joven que le interese especialmente?

Bueno, a los talleres no sólo va gente joven. Este año en un taller en Albacete participaba un pintor que no tenía mucha menos edad que yo. Eso me gusta porque la gente mayor le da mayor dimensión a esos talleres.
Hay mucha gente con muchas posibilidades. Gente que, en principio, parecía que no iban a resultar y luego nos sorprenden y cuajan. También hay muchos otros que, por muy distintos motivos, se quedan en el camino. A veces la sociedad es desatenta, la lucha es dura y existen otra serie de adversidades que pueden condicionar de un modo definitivo. Pero en los talleres y fuera de ellos hay gente con mucho potencial. Algunos llegar a hacer cosas y, como digo, otros no porque se cansan, se debilitan y pasan como esas vidas que se diluyen y desaparecen sin merecerlo y sin que nos demos cuenta.

¿Podría evitarse esa sangría?

Para que eso no sucediera sería clave que la gente, esa gente, pudiera vivir de otro modo. Porque el arte sale de la vida. Si la vida fracasa el arte fracasa. Hay una forma de fracaso que pasa al arte, pero no todo puede pasar al arte.

Habría que renovar las cosas importantes. Como he dicho, renovar nuestros guías, quienes nos dirigen. Por otra parte, el mundo del dinero está acogotando la sociedad. Está creando unas ciudades difíciles.

Hay que considerar que el arte tampoco tiene tanta importancia. Hay muchas otras que arreglar antes que el arte porque, en definitiva, el arte siempre se va a salvar. Porque de la basura puede salir el arte. Eso se ha demostrado muchas veces. De una sociedad corrupta puede salir un arte grandioso. Si yo tuviera esa responsabilidad, no me preocuparía del arte y trataría de solucionar otros aspectos más urgentes de la vida.

(La conversación acaba como empezó. Con el talante y el tono de alguien impregnado de la sencillez, la humildad y la sabiduría de los grandes. De los más grandes, porque al preguntarle por su interés por el mundo digital textualmente responde: “No puedo opinar porque es un mundo que desconozco. Como desconozco el inglés. Como desconozco casi todo. Tu vida trascurre en unos cauces y dentro de ese recorrido vas conociendo algunas cosas, pero todo lo demás lo ignoras”)

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