Cuando los contrarios se tocan. Algo de economía política.

James Buchanan, premio Noble de economía, es un buen ejemplo para entender dónde nos movemos en este terreno tan movedizo.

Os dejo algunos artículos al respecto.

http://www.elpais.com/articulo/portada/limites/libertad/anarquia/Leviatan/elpepuculbab/20101106elpbabpor_15/Tes

Los límites de la libertad. Entre la anarquía y el Leviatán

ENRIQUE GIL CALVO 06/11/2010

En estos tiempos inciertos de formidable combate entre los Estados y los Mercados, cuando la crisis financiera internacional ha hecho de la economía política la principal asignatura pendiente de la que depende el destino de la humanidad, nada mejor que recurrir a los clásicos: esos grandes autores que sentaron las bases del campo donde hoy se juega el debate intelectual. Hace sólo un año, cuando parecía que la victoria se decantaba del lado de los Estados en su misión de dominar y sujetar a los Mercados, el autor estatalista a rescatar fue el gran Keynes. Pero hoy las tornas se han volcado, los Estados se hunden en el pozo sin fondo de la crisis de la deuda soberana y en cambio son los Mercados quienes llevan la voz cantante con despiadada arrogancia. Y entre los autores antiestatalistas a los que citar para justificarlo bien pudiera estar James Buchanan (Estados Unidos, 1919): un Chicago boy doctorado en 1948, especialista en Hacienda Pública, fundador en los sesenta de la escuela de Public Choice (elección pública), radicada en la Universidad de Virginia, y premio Nobel de Economía en 1986. Su obra maestra fue El cálculo del consenso (Espasa Calpe, 1980), escrita en 1962 con su fiel colaborador Gordon Tullock, en la que venía a continuar el sendero abierto por Anthony Downs en 1957 con su Teoría económica de la democracia, lo que implicaba analizar el comportamiento electoral y político con las mismas herramientas intelectuales del homo economicus. Y esta economización de la política la prosiguió Buchanan después analizando el modo en que los Gobiernos regulan mediante sanciones e impuestos las transacciones de mercado entre los ciudadanos, pasando a convertirse, junto con Robert Nozick, en el principal representante del llamado liberalismo libertario: una filosofía política que trata de fundar económicamente un equilibrio entre el Estado mínimo y la máxima libertad de mercado. En esta línea, la obra cumbre de Buchanan, comparable al Cálculo del consenso, es esta original de 1975 que acaba de traducir la editorial Katz. Todo un programa intelectual para una época que ha hecho del ajuste fiscal del Estado el imperativo categórico de nuestro tiempo.

Los límites de la libertad. Entre la anarquía y el Leviatán

James M. Buchanan

Traducción de Verónica Sardón

Katz Editores. Madrid, 2010

275 páginas. 22 euros

 

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http://www.elpais.com/articulo/economia/BUCHANAN/_JAMES_M/PREMIO_NOBEL/James/M/Buchanan/eleccion/publica/elpepieco/19861022elpepieco_2/Tes

James M. Buchanan y la ‘elección pública’

JOSÉ RAMÓN ÁLVAREZ RENDUELES 22/10/1986

La teoría de la elección pública se sitúa entre la economía y la ciencia política y consiste en estudiar, desde el punto de vista del economista, todas las decisiones que se toman en el sector público y en la economía pública, siempre partiendo de la base de que el individuo es quien ha de decidir. Para el autor del artículo, que no puede ocultar su satisfacción por el hecho de que la Academia Sueca haya otorgado a James M. Buchanan el último Premio Nobel de Economía por sus investigaciones sobre la public choice, ésta consiste en un estudio de lo que se ha llamado el intercambio político, en paralelo al intercambio del mercado.

James M. Buchanan, reciente premio Nobel de Economía, investiga en la actualidad en un campo, el de la economía política constitucional, que representa la última fase, por el momento, de una vida académica e investigadora dedicada fructíferamente al estudio de la economía desde una perspectiva nueva, la llarriada teoría de la elección pública, que comenzó aplicando en el, campo de la Hacienda pública al final de los años cuarenta.Conocí las aportaciones de Buchanan sobre el estudio de la deuda pública y sus argumentos sobre la analogía de la misma con la deuda privada, y su transferencia a generaciones futuras, cuando estudiaba Hacienda Pública en la Universidad Complutense de Madrid, en el curso que impartía mi maestro el profesor Fuentes Quintana. Era el año 1961, tres años después de la publicación de Los principios de la deuda pública (1958), una de las obras de Buchanan cuando éste centraba su atención en los problemas hacendísticos. Su manual Las haciendas públicas, cuya primera edición apareció en 1960, fue para mí de habitual consulta en las clases que comencé a explicar a partir de 1964.

Y el trabajo que me sirvió como tesis para obtener el grado de doctor en Ciencias Económicas (publicado corno libro con el título Valoración actual de la imposición sobre el consumo, IDE, 1973) encontró inspiración y ayuda en varias obras del último premio Nobel de Economía. Tanto mis trabajos posteriores como las explicaciones a mis alumnos se han beneficiado de las aportaciones, abundantes y siempre brillantes y esclarecedoras, del profesor Buchanan.

A finales de 1973 apareció en España la versión en castellano de una obra capital de Buchanan, La Hacienda pública en un proceso democrático, en cuya traducción trabajé durante bastante tiempo, una obra para la que preparé un prólogo con la intención de subrayar el interés y la utilidad del nuevo enfoque para dar un planteamiento más significativo a la Hacienda pública.

Este fue el motivo que me sirvió para entablar una relación directa con James M. Buchanan, y el trabajo que supuso la traducción de su obra citada me convirtió en un defensor de la nueva perspectiva, la de la elección pública, como saben bien mis alumnos y muestran mis publicaciones. Todo lo anterior explica que dedique muy gustoso unas horas del fin de semana a escribir esta breve nota sobre el último premio Nobel de Economía, accediendo así a la amable invitación de EL PAÍS.

La ‘public choice’

James M. Buchanan nos ha contado que cuando comenzó a estudiar economía en la universidad de Chicago era un convencido defensor del papel del Estado en la vida económica, un dedicated socialist, como tantos universitarios de su tiempo. Eran los últimos años de la década de los cuarenta, y bastaron seis semanas de explicaciones del profesor F. H. Knight -según ha dicho el propio Buchanan- para que se convirtiera en un firme defensor de la organización de la vida economica a través del mercado.

En 1957 fundó Buchanan el centro T. Jefferson para Estudios de Economía Política, en la universidad de Virginia, junto con Warren Nutter, con el deseo de “preservar el ordenamiento social basado en la libertad individual”, no sin despertar algunas sospechas por su sesgo ideológico.

Comenzó entonces un período -lo que se ha dado en llamar la década de Charlotsville (1957-1967)- en el que Buchanan trabajó sobre su nuevo planteamiento metodológico para el estudio de la Hacienda pública (inicialmente expuesto en La teoría pura de la Hacienda pública. Sugerencia de un enfoque, 1949), según el cual el individuo es el demandante de bienes y servicios públicos -no el Estado o un organismo abstracto, como suponía la Hacienda tradicional-, y es esta demanda -o elección- y la demanda colectiva de bienes públicos y su formación, junto con el proceso de elección de las instituciones fiscales mediante las que se van a financiar dichos bienes, lo que ha de estudiar la Hacienda pública en un sistema político democrático. Enfoque que se encuentra ya en la obra de K. Wicksell, de finales del siglo pasado, y en los principales autores de la scienca dellafinanze italiana, desde F. Ferrara hasta A. de Viti de Marco y L. Einaudi, como ha mostrado Buchanan en un trabajo que preparó tras una larga estancia en Italia.

Una obra capital de James M. Buchanan en este período, fruto de su enfoque, fue El cálculo del consenso (1962), que escribió junto con G. Tullock, el segundo gran artífice de la Escuela de la Elección Pública, obra en la que se analiza “la organización política de una sociedad de hombres libres” desde la perspectiva del economista.

A partir de entonces empezó a definirse el nuevo enfoque como “el análisis económico del proceso político”, esto es, el estudio de la toma de decisiones sobre la provisión de bienes públicos y sobre el establecimiento de impuestos a partir de la hipótesis -una realidad en una democracia- de que el individuo es el soberano en el campo de los bienes públicos, al igual que en el de los bienes privados.

Y que si bien para estos últimos el mercado funciona adecuadamente, el “sisterna del presupuesto”, utilizado para la provisión de los bienes públicos o sociales, debe estudiarse análogamente y con los mismos supuestos, en términos económicos, colocando al individuo en el centro del análisis.

Frente a este enfoque, la Hacienda tradicional ha supuesto que las decisiones sobre bienes públicos e impuestos se toman por el Estado o un déspota benévolo, sin participación directa del ciudadano.

La nueva perspectiva metodológica aplicada a la Hacienda se plasmó de manera brillante en La Hacienda pública en un proceso democrático (1966), obra ya mencionada, así como en La demanda y oferta de bienes públicos (1968), libros escritos en sus últimos años en Charlotsvílle (Virginia, EE UU).

En la costa californiana, en un breve período de alejamiento de Virginia, Buchanan escribió Coste y elección (1969), y pronto fundó un nuevo centro, que ya llevaría el nombre de Elección Pública.

James M. Buchanan y G. Tullock habían fundado la Sociedad de la Elección Pública en 1963, y pocos años después comenzaron a aparecer publicaciones relacionadas con el nuevo enfoque, así como la revista Papeles sobre la Toma de Decisiones en el No Mercado, revista que en 1968 pasó a llamarse Elección Pública y que aparece desde entonces regularmente.

En 1969, Buchanan y Tullock fundaron el Centro para el Estudio de la Elección Pública en el Instituto Politécnico de Virginia, en Blacksburg, y pronto comenzó la internacionalización del movimiento, del enfoque de la llamada Nueva Escuela de Virginia, de la perspectiva de la elección pública.

Economía y política

La teoría de la elección pública está situada entre la economía y la ciencia política, y consiste básicamente en estudiar con el método y las herramientas del economista el proceso de decisiones que se toman en el campo del sector público, en el campo de la economía pública, siempre partiendo de que el individuo es quien ha de decidir.

Se trata de un estudio de lo que se ha llamado el intercambio político, en paralelo al intercambio del mercado: aquél sirve para satisfacer necesidades individuales públicas o sociales, mientras que el mercado funciona para la satisfacción de las necesidades privadas. De ahí que se estudien materias como demandas individuales y colectivas de bienes públícos, los comportamientos en el campo económico de los partidos políticos, el funcionamiento de los grupos de presión, el funcionamiento de los aparatos burocráticos en la oferta de bienes públicos y, finalmente, la teoria económica de las constituciones o la economía constitucional.

A partir de 1969, el avance de la Nueva Escuela de la Elección Pública ha sido rápido e intenso. Desde 1975, James M. Buchanan ha concentrado su atención en el nivel constitucional, como reflejan sus obras Los límites de la libertad (1975); La democracia, en déficit (1977), escrita en colaboración con R. Wagner; El poder de establecer impuestos (1980), y el último libro, La razón de las reglas. Economía política constitucional (1985), escrito en colaboración con G. Brennan.

El contenido fundamental de estas obras gira sobre la necesidad de establecer límites constitucionales al incremento del gasto público, ante su enorine expansión en estos años, así como introducir limitaciones, también al máximo nivel legal, a las enormes facultades de establecer impuestos que tienen los Gobiernos modernos, en contraste con lo que ocurre en otras parcelas de, la vida económica.

Desde 1983, el Centro de la Elección Pública funciona en otra universidad nortearnericana, también en Virginia, la George Mason University, más próxima a los centros de poder de Washington.

He pensando muchas veces que James M. Buchanan merecía ser galardonado con el Frernio Nobel de Economía. Desde que en 1982 J. R. Shackleton y G. Locksley incluyeron a Buchanan entre los seleccionados para su obra 12 economistas contemporáneos, en función de la originalidad de su contribución y de su influencia en los demás economistas, empecé a ver más próxima la concesión del Nobel al fundador de la Escuela de la Elección Pública. La Academia Sueca ha otorgado por fin el Premio Nobel a James M. Buchanan, y cen ello ha reconocido justamente el trabajo brillante de 40 años y la gran aportación que a la cilencia que John M. Keynes llamara lúgubre ha supuesto la teoría de la elección pública.

José Ramón Álvarez Rendueles es presidente de 13 Sociedad Española de la Public Choice Society y presidente del Banco Zaragozano.

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http://es.wikipedia.org/wiki/James_M._Buchanan

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http://www.materiabiz.com/mbz/gurues.vsp?nid=41320

James Buchanan, una perspectiva económica de la política

Antes de las dos Guerras Mundiales, la participación del Estado sobre la economía era mínima. En la segunda mitad del siglo XX alcanzó niveles elevados. En este contexto, James Buchanan se preocupó esencialmente por entender “cómo funciona la política en la práctica”…
Por Adrián Ravier

Nacido en los Estados Unidos el 3 de octubre de 1919, James McGill Buchanan estudió en la Universidad de Tennesse y se doctoró, en 1948, en la Universidad de Chicago. Luego, emprendió una carrera académica en la George Mason University y también fue una figura central de la Escuela de Economía Política de Virginia.

Si bien realizó numerosos aportes a la ciencia económica, sus contribuciones quedarán marcadas en la historia del pensamiento económico y político por sus estudios sobre el “funcionamiento real de los procesos políticos”, caracterizado por la aplicación de las herramientas del análisis económico a la política.

Las inquietudes acerca de este campo de investigación surgieron en relación con el notable incremento de la intervención del Estado en la economía tras la Segunda Guerra Mundial y la incapacidad de los economistas para comprender este fenómeno.

Más allá de algunas excepciones como Arthur Bentley, según Buchanan, “los economistas no estaban dedicando mucha atención a cómo funcionaba el gobierno porque estaban preocupados por cómo funcionan los mercados y cómo las personas se comportaban en relaciones de mercado”.

En este marco, ejerció gran influencia sobre su pensamiento una obra de Knut Wicksell titulada “A New Principle of Just Taxation”. En palabras del propio Buchanan:

“Wicksell decía a los economistas: dejen de actuar como si estuviesen aconsejando a un déspota benévolo. No los van a escuchar de todos modos, así que deténganse, desperdician su tiempo y gastan sus fuerzas. Y dijo: si quieren mejorar los resultados políticos, entonces tienen que cambiar las reglas. Nunca van a lograr que los políticos hagan otra cosa que representar los intereses de los votantes a quienes representan. Así que si tienen una cámara legislativa, deberán esperar que el congreso genere resultados que gozarán del apoyo de la mayoría de los grupos representados por esta legislatura. Puede o no surgir un resultado eficiente de esto, pueden o no surgir buenos proyectos que valgan su costo. ¿Cómo cambiar esto? Cambiando las reglas, avanzando de la regla de la mayoría hacia la regla de unanimidad, hacia un consenso”.

Buchanan definió a este programa de investigación, sobre el que trabajó durante más de medio siglo, como la “política sin romance”. Quitándonos las “gafas rosadas” -según sus propias palabras- con las que percibimos a la política, podremos verla como lo que realmente es.

Así, ¿cuál es el terreno de juego de la política? ¿Cómo se comportan los políticos y los votantes?

En un artículo titulado “La perspectiva de la elección pública”, Buchanan definió a su teoría de la “elección pública” como aquella “perspectiva acerca de la política que surge de una extensión y aplicación de las herramientas y métodos de los economistas a la toma de decisiones públicas o colectivas”.

Guiado por su individualismo metodológico, Buchanan entiende que, en última instancia, los que toman las decisiones de gobierno son los individuos. El “homo politicus” es “homo economicus” y, al igual que un empresario, el hacedor de políticas públicas actúa fundamentalmente guiado por su propio interés.

De esta forma, Buchanan pone en cuestión uno de los conceptos elementales de la democracia representativa: la delegación de los asuntos de los ciudadanos en manos de políticos profesionales.

Precisamente, esta delegación hace que las pensiones, la educación, la salud, las relaciones laborales y también el medio ambiente queden a merced de decisiones burocráticas en manos de políticos que no necesariamente se guían por el “bien común”.

Pero, ¿cuál es la alternativa a este paradigma?

Siguiendo a Wicksell, propone un cambio de reglas. Imaginemos que se presenta un proyecto público, ¿cómo estar seguros que amerita el gasto? Buchanan afirma que “el costo lo amerita si los que se benefician pagan lo suficiente para cubrir los costos del proyecto. Así que debe haber algún tipo de arreglo o esquema tributario por medio del cual uno puede lograr un acuerdo general unánime. Se puede utilizar la regla de la unanimidad como una medida contra la cual se calcula el nivel de eficiencia en el sector público”.

De esta forma, la regla de la unanimidad se presenta como la contrapartida “política” del óptimo de Pareto. Alcanza el óptimo porque implica la adhesión voluntaria a un determinado orden social por parte de “todos” los participantes, o en términos económicos, elimina la posibilidad de externalidades negativas como resultado de decisiones colectivas.

Claro que, al mismo tiempo, la unanimidad en la toma de decisiones colectivas eleva considerablemente el costo del proceso decisorio. Teniendo en cuenta estos costos, que pueden llegar en muchos casos a impedir la toma de decisiones, Buchanan y Tullock sostienen que el individuo enfrentado a una elección constitucional podría decidir voluntariamente aceptar alguna regla menos rigurosa para la decisión de cuestiones de menor importancia.

Por esa razón, cuestiones tales como el respeto a la vida, la propiedad y otros derechos individuales requerían del consenso unánime, mientras que otro tipo de decisiones menores podrían ser tomadas con grados de consenso menores, y por ende, con costos decisorios también menores.

Este principio llevó a Buchanan a trabajar en lo que hoy se conoce como Economía Constitucional: “Mientras se tenga una constitución con la cual las personas están en consenso básico, se puede procurar ciertos resultados en términos de las reglas operativas que la constitución permite desarrollar. Desplazamos la norma wickseliana [de la unanimidad] hacia el nivel constitucional y argumentamos que, de hecho, es más probable alcanzar un acuerdo a ese nivel por la sencilla razón de que las personas no conocen el impacto que una regla particular tendrá sobre su interés personal identificable. Es más probable alcanzar un consenso entre más elevada sea la regla.”

La pregunta que surge entonces es: ¿a qué nivel corresponde una decisión acerca del grado de la gobernabilidad de la organización social?

Para algunos, sobre todo economistas utilitaristas, se requiere una aproximación caso a caso y un cuidadoso análisis empírico para medir los pros y contras de la centralización y la descentralización, pese a que admiten que la heterogeneidad de las preferencias e intereses individuales lleva a que las distintas alternativas favorezcan o dañen determinados intereses con lo cual resulta difícil alcanzar conclusiones sin el apoyo de juicios de valor.

Esto es así porque sus modelos llevan implícito un modelo político basado en un déspota benevolente y eficaz que persigue (y alcanza) el bien común. Esto se articula principalmente en la denominada “función de bienestar social”, el “bien común” que el déspota ilustrado habrá de perseguir.

Otras escuelas económicas, particularmente la Escuela Austríaca o el Public Choice, abandonan –como se ha dicho- esa presunción de benevolencia reemplazándola con la indiferencia o incluso con la malevolencia.

Siguiendo con la aplicación de las herramientas del análisis económico a la política, Buchanan, tal como lo hiciera Tiebout originalmente, también asimiló el consumidor al votante quien, de la misma forma en que elige en el mercado el que considera mejor bien o servicio según sus necesidades, elige la comunidad “que mejor satisface sus preferencias por bienes públicos”.

En este sentido, el federalismo y la descentralización servirían para limitar las posibilidades de abuso tanto del gobierno federal como de los gobiernos locales, del primero porque los recursos se encuentran repartidos entre distintos niveles de gobierno, de los segundos porque existe la posibilidad de movilizarse.

Galardonado con el Nobel de Economía de 1986 por sus trabajos en el área de Public Choice (elección pública), Buchanan publicó unos 300 artículos y 23 libros donde trató asuntos de finanzas públicas, tópicos monetarios y de política económica.

Entre éstos, el más influyente ha sido The Calculus of Consent (1962), que escribió junto a Gordon Tullock, donde presenta un análisis económico de las estructuras constitucionales, la mirada de un economista sobre los fenómenos políticos.

Adrián Ravier
El autor es miembro full time del departamento de investigaciones de la Fundación Friedrich A. von Hayek y Doctor en economía aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Para saber más sobre James Buchanan

Gordon Tullock, 1997, El desarrollo del gobierno, Revista Académica Libertas No. 27, año XIV, ESEADE, Buenos Aires, octubre de 1997, pp. 19-40

James M. Buchanan (1979), Política sin romanticismos. Esbozo de una teoría positiva de la elección pública y de sus implicancias normativas, en Buchanan y otros, El análisis económico de lo político, I.E.E. 1984, Madrid.

James M. Buchanan (2001), Mi Peregrinaje Intelectual, Conferencia dictada en la Universidad Francisco Marroquín, el 19 de enero de 2001

James M. Buchanan (1983), The public choice perspective, en Buchanan J. M.: Liberty Market and State. Political Economy in the 1980´s. New York University Press, 1986, New York. Traducido al español en EUMED, La perspectiva de la elección pública, Ensayos sobre Economía Política.

Martín Krause, Gabriel Zanotti y Adrián Ravier (2007), Elementos de Economía Política, Editorial La Ley, Buenos Aires, agosto de 2007.

Charles M. Tiebout (1988), A pure theory of local expenditures, Journal of Political Economy, 64. Octubre, 1956, p. 183.

Geoffrey Brennan y James M. Buchanan (1997) [1987], El poder fiscal, Ediciones Folio, Barcelona.

James M. Buchanan (1995/1996), Federalism and individual sovereignty, Cato Journal, Vol. 15, No. 2-3, Fall/Winter.

James M. Buchanan y Gordon Tullock (1980) [1962], El cálculo del consenso, Espasa Calpe, 1980, Madrid

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