La tabacalera. Centro Social Autogestionado en la antigua fábrica de tabacos de Lavapiés

Por una compañera después y antes gracias a un anuncio en le cool me he interesado por la tabacalera, de la que ya había oido hablar antes. Admiro el trabajo de la gente que dedica su tiempo en proyectos tan arriesgados y valiosos. Sin saber cuánto durará lo bueno les deseo lo mejor de lo posible. Quizá deberíamos contactar con ellos por si podemos hacer algo allí. Os dejo su enlace y su muestra de intenciones.

http://latabacalera.net/

Centro Social Autogestionado en la antigua fábrica de tabacos de Lavapiés.

¿Qué queremos hacer?

El planteamiento de uso que hacemos del espacio Tabacalera supone una apuesta clara por las posibilidades de la autogestión cultural y por la responsabilidad social y política de las prácticas de Arte de Contexto, características del final del siglo XX y principios del XXI.

Ahítos de políticas clientelistas y de panes para hoy, en plena crisis financiera mundial, nos planteamos qué significa la sostenibilidad social y también económica de las políticas culturales. Seguramente no haya respuesta única ni a esta ni a muchas otras preguntas. Sin embargo, parece evidente que la autogestión como ética y como criterio de organización puede aportarnos muchas cosas.

Podría parecer una apuesta radicalmente experimental y por ello arriesgada, si no fuera porque estamos en Madrid, donde en los últimos veinte años se ha desarrollado un tejido asociativo y de producción artística y cultural muy vinculado a los espacios autogestionados. Aunque en esto haya habido sus dosis de virtuosismo cívico, en buena medida esto ha sido así porque no ha habido más remedio. Las administraciones públicas, fundamentalmente las de ámbito metropolitano, han brillado por su ausencia en el campo de la producción cultural más experimental. Y eso ha sido bueno, muy bueno, puesto que ha sentado las bases para una cultura que diferencia a Madrid de otras áreas metropolitanas donde la sopa estatal y boba ha sido la que ha marcado el tono de muchas de las expresiones culturales y artísticas.
Los sucesivos “Laboratorios” han demostrado que se puede organizar una impresionante producción social y cultural a partir de la precariedad y la autogestión. Son esas las energías que vindicamos. Autonomía es la palabra clave de este juego en el que las cosas se hacen porque su necesidad y el lujo de su afirmación se sienten con toda su potencia instituyente.

El planteamiento de uso que hacemos del espacio Tabacalera supone una apuesta clara por las posibilidades de la autogestión cultural y por la responsabilidad social y política de las prácticas de Arte de Contexto, características del final del siglo XX y principios del XXI.

Podría parecer una apuesta radicalmente experimental y por ello arriesgada, si no fuera porque estamos en Madrid, donde en los últimos veinte años se ha desarrollado un tejido asociativo y de producción artística y cultural muy vinculado a los espacios autogestionados. Aunque en esto haya habido sus dosis de virtuosismo cívico, en buena medida esto ha sido así porque no ha habido más remedio. Las administraciones públicas, fundamentalmente las de ámbito metropolitano, han brillado por su ausencia en el campo de la producción cultural más experimental. Y eso ha sido bueno, muy bueno, puesto que ha sentado las bases para una cultura que diferencia a Madrid de otras áreas metropolitanas donde la sopa estatal y boba ha sido la que ha marcado el tono de muchas de las expresiones culturales y artísticas.

Los sucesivos “Laboratorios” han demostrado que se puede organizar una impresionante producción social y cultural a partir de la precariedad y la autogestión. Son esas las energías que vindicamos. Autonomía es la palabra clave de este juego en el que las cosas se hacen porque su necesidad y el lujo de su afirmación se sienten con toda su potencia instituyente.

Podría parecer una apuesta radicalmente experimental y por ello arriesgada, si no fuera porque estamos en Madrid, donde en los últimos veinte años se ha desarrollado un tejido asociativo y de producción artística y cultural muy vinculado a los espacios autogestionados. Aunque en esto haya habido sus dosis de virtuosismo cívico, en buena medida esto ha sido así porque no ha habido más remedio. Las administraciones públicas, fundamentalmente las de ámbito metropolitano, han brillado por su ausencia en el campo de la producción cultural más experimental. Y eso ha sido bueno, muy bueno, puesto que ha sentado las bases para una cultura que diferencia a Madrid de otras áreas metropolitanas donde la sopa estatal y boba ha sido la que ha marcado el tono de muchas de las expresiones culturales y artísticas.Los sucesivos “Laboratorios” han demostrado que se puede organizar una impresionante producción social y cultural a partir de la precariedad y la autogestión. Son esas las energías que vindicamos. Autonomía es la palabra clave de este juego en el que las cosas se hacen porque su necesidad y el lujo de su afirmación se sienten con toda su potencia instituyente.

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Imágenes descargadas de internet.

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